¿Cómo rectificar la incidencia negativa de REDD-plus en las negociaciones de cambio climático?

Por Yvette Aguilar,* 6 de mayo de 2013, críticos: Maritza Erazo y Francisco Soto  ©Ambiente y Comercio                                                        

A la luz de los serios tropiezos y amenazas que continúan enfrentando los esquemas de compensación económica por la reducción de las emisiones derivadas de la deforestación, degradación de los bosques, entre otros (conocidos dentro del ámbito de la Convención sobre Cambio Climático como REDD-plus), amén de su inefectividad para la mitigación del cambio climático; los negociadores y grupos de presión que buscan de manera genuina redireccionar el rumbo de las negociaciones multilaterales hacia el logro del objetivo último del régimen multilateral de cambio climático, de estabilizar las emisiones mundiales a un nivel que no sea peligroso para sostener la vida en la tierra, se enfrentan ante el reto de romper la inercia actual que magnifica engañosamente el papel y contribución de REDD-plus a la mitigación del cambio climático.

Las actividades de los esquemas REDD-plus, no deberían ser elegibles como mecanismo de compensación de las emisiones de los países desarrollados, ya que no garantizan la mitigación efectiva del cambio climático debido a su propia naturaleza intrínseca, caracterizada por la no permanencia del carbono biogénico, las fugas y la no adicionalidad. Lo anterior, amén de los impactos socioeconómicos y ambientales locales atribuibles a REDD-plus y ampliamente documentados (REDD-monitor y Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales), los cuales difícilmente podrían ser evitados por la laxitud de las salvaguardas adoptadas para el mecanismo REDD-plus.

Para ser efectivo dentro de un nuevo régimen de clima, el mecanismo de REDD-plus debería ser redimensionado y abordado al mismo nivel y bajo los mismos criterios técnicos y estándares metodológicos aplicables al resto de medidas de mitigación. Lo anterior, a fin de abordar y tratar de manera transparente sus falencias particulares, las cuales lo inhabilitan como mecanismo económico de compensación de emisiones, en el ámbito internacional y nacional.

Para tal efecto, las estrategias nacionales de REDD-plus deberían concebirse e implementarse como parte de las NAMAs en el uso y cambio de uso de la tierra, y sujetarse a la aplicación de las mismas reglas y modalidades adoptadas para las otras medidas de mitigación en los sectores energía, agricultura, industria y desechos. Como es el caso de las decisiones adoptadas en materia de inventarios nacionales de GEI, registro internacional, consulta y evaluación internacional, sistemas de monitoreo, notificación y verificación (MRV) nacional/internacional para las NAMAs, entre otros. Asimismo, el financiamiento para las estrategias de REDD-plus se debería regir por las decisiones que se adopten para las NAMAs, dentro de la arquitectura financiera a definirse para el Fondo Verde del Clima, dentro de la cual se articularían las modalidades, criterios y procedimientos más apropiados para su financiamiento.

No menos importante es que, más allá de las decisiones ya tomadas sobre el mecanismo REDD-plus, los Estados de los países en desarrollo tienen todavía la prerrogativa de decidir de manera soberana sobre la necesaria desvinculación de REDD-plus de las metas cuantificadas de reducción de emisiones de GEI a ser adoptadas por los países desarrollados, y sobre las modalidades de financiamiento más apropiadas para sus NAMAs, en el marco del nuevo protocolo, otro instrumento jurídico o conclusión acordada que se estaría negociando en 2015. Dichas decisiones podrían contribuir a rectificar el rumbo equivocado de las negociaciones multilaterales en curso, y subsanar las falencias de las decisiones pertinentes a REDD-plus.

Es un hecho constatable en varios países y regiones en desarrollo, que los gobiernos hayan priorizado, de manera formal o de facto, la adopción de los esquemas REDD-plus como un instrumento central de su política ante el cambio climático; como es el caso de la región Centroamericana, entre otras. Esta orientación de las políticas es un claro reflejo del abordaje utilitario que ha prevalecido a lo largo de las negociaciones dentro del proceso multilateral de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, en detrimento de la efectividad ambiental que debería regir a las políticas y medidas a adoptarse para frenar el ritmo y magnitud del cambio climático mundial, que es el objetivo último de dicho instrumento internacional.

Los ofrecimientos de supuestos recursos financieros abundantes, frescos y de rápido acceso, que han acompañado la promoción de los esquemas REDD-plus (Reducción de emisiones provenientes de la deforestación y degradación de los bosques tropicales incluyendo la conservación de los bosques, el manejo sostenible de los bosques y el aumento de las reservas de carbono forestal); provocaron paulatinamente el entusiasmo del sector forestal, agricultura, biodiversidad, lucha contra la desertificación, comunidades forestales y de pueblos originarios, entre otros, de los países en desarrollo. Uno a uno, los gobiernos de dichos países fueron entrando al grupo de países participantes en el Fondo Cooperativo de Carbono Forestal (FCPF) del Banco Mundial y ONU-REDD, convirtiéndose en promotores y defensores del mecanismo REDD-plus en el seno de las negociaciones multilaterales y en sus ámbitos nacionales respectivos, con miras a obtener rápidamente recursos financieros, sin preocuparse de las falencias de dicho mecanismo, inefectivo para la mitigación del cambio climático.

En el caso de los Estados centroamericanos, los escenarios futuros de cambio climático proyectan mayores temperaturas, mayor frecuencia de olas de calor y de huracanes intensos, sequías más severas, mayor frecuencia de eventos de lluvias más intensas y reducciones de las lluvias en algunas zonas, entre otros; lo cual se podría ver exacerbado durante las décadas secas o húmedas asociadas a la variabilidad multidecadal e interdecadal propia de México y Centroamérica.** El cambio climático proyectado podría generar impactos negativos considerables en los ecosistemas forestales, los cuales estarían convirtiéndose en emisores netos de carbono. La dinámica del ciclo del carbono desmontaría el sofisticado y a la vez precario aparataje, mediante el cual se ha pretendido convencer sobre la mensurabilidad del carbono forestal para su verificación y posterior comercialización bajo los esquemas REDD-plus.

Sobre esa base, los gobiernos de la región latinoamericana y del Caribe, deberían priorizar la conceptualización e implementación de estrategias de adaptación para sus ecosistemas forestales, en el marco de sus planes de adaptación nacionales (PANs), y subordinar cualquier opción de mitigación referida al uso y cambio de uso de la tierra a dichas estrategias y planes; como también garantizar que su financiamiento sea canalizado a través de una ventanilla para la adaptación bajo el Fondo Verde del Clima y del Fondo de Adaptación (cuya eventual vinculación se establecería en la arquitectura del Fondo Verde del Clima). Dichas estrategias demandarían el desarrollo de evaluaciones a profundidad de los impactos actuales y futuros del cambio climático sobre los diversos ecosistemas forestales de cada país, lo cual es todavía una gran tarea pendiente.



*  Yvette Aguilar es economista laboral, negociadora por El Salvador durante diez años, quien se ha dedicado al desarrollo de estudios e investigaciones sobre vulnerabilidad y adaptación al cambio climático en la región centroamericana, y a la asesoría a gobiernos y organizaciones sociales en diferentes regiones en materia de marcos de política y medidas ante el cambio climático. Ha trabajado en la sensibilización y educación en cambio climático con diferentes grupos  de poblaciones de jóvenes, mujeres, pequeños agricultores y pueblos originarios, y es catedrática asociada para el tema del cambio climático de la Fundación Friedrich Ebert en El Salvador. Actualmente es asesora en cambio climático de la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de pequeños productores del comercio justo (CLAC) yvette.a@gmail.com

** (1) Tebaldi et al 2006: An Inter-comparison of model-simulated historical and future changes in extreme events; (2) Méndez y Magaña V 2009: Regional Aspects of Prolonged Meteorological Droughts over Mexico & Central America; (3) IPCC 2012: Managing the risks of extreme events and disasters to advance climate change adaptation, Special Report of the IPCC; (4) CEPAL 2010: La Economía del Cambio Climático en Centroamérica, Síntesis 2010.

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