¿Fue un error de Estados Unidos no ratificar el Protocolo de Kioto?

Por Raúl A. Estrada Oyuela, Embajador, 3 de Diciembre de 2012, © Ambiente y Comercio

Hoy a la luz de los informes de emisiones de gases de efecto invernadero presentadas por Estados Unidos hasta 2010, surge la pregunta si fue necesario tomar tal medida o podría haber cumplido Estados Unidos su compromiso.

El mayor problema político que ha tenido la implementación del Protocolo de Kioto para la mitigación del Cambio Climático, fue la negativa de los Estados Unidos a ratificar el texto que acordó en la negociación en 1997 y firmó el 12 de noviembre de 1998 en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. El 13 de marzo de 2001, el entonces presidente George W. Bush, en una carta a los senadores Chuck Hagel, Jesse Helms, Larry Craig y Pat Roberts, declaró que el Protocolo produciría un grave daño a la economía de su país y que por eso no lo sometía al Senado para su posterior ratificación.

Esa manifestación fue el golpe más severo que recibió el PK y sin duda afecto el liderazgo de Estados Unidos en la comunidad internacional. El Protocolo creó un espacio de 10 años desde su aprobación (1997) hasta el comienzo del período de compromiso (2008), para dar tiempo a la investigación y el desarrollo tecnológico, y a la sustitución de bienes de capital por nuevas instalaciones y motores que produjeran emisiones menores. El ukase de Bush desalentó los esfuerzos tecnológicos y las inversiones en el mundo.

Más de una década después, la economía de los Estados Unidos ha tenido serios inconvenientes por causa de otras políticas, no por proteger el ambiente, y en todo caso pareciera que en materia de emisiones, está llegando a un punto próximo al cumplimiento del compromiso que rechazó.

Como es sabido, el período de compromiso del PK es el quinquenio 2008/2012. Los inventarios anuales se informan, analizan y publican dos años más tarde, de modo que los datos oficiales no estarán completos hasta fines 2014, pero ya se conocen los datos desde 2008 a 2010. Estados Unidos no es parte del PK, pero debe informar, e informa, sus emisiones en el contexto del Convenio Marco sobre el Cambio Climático. Para esos informes se emplea una metodología comparable con la requerida por el Protocolo.

La información aportada por los EE.UU. sobre sus emisiones en esos tres años, permite hacer un ejercicio interesante siguiendo los criterios del art.3 del PK para determinar el cumplimiento de las objetivos cuantificados de limitación y reducción de emisiones, conocidos como QELROS por sus siglas en inglés.

En primer lugar el volumen de emisiones (cantidad asignada conforme el lenguaje del Protocolo), que hipotéticamente se podría otorgar a los EE.UU para el trienio 2008/2010, sería el triple de las emisiones brutas de 1990, año base para estos cálculos, menos 7% que es la reducción que Washington había acordado aceptar. Como ese dato inicial es 6.161 millones de toneladas (Mton), la cantidad asignada sería 18.483 Mton menos 7%, o sea 17.189 Mton.

Esto debe compararse con la suma de las emisiones netas de los Estados Unidos en el trienio 2008/2010, que fueron 5.618 millones de toneladas equivalente CO2 (Mton eq CO2) en 2008, 5.545 Mton en 2009 y 5.745 Mton, que resulta 16.908 Mton, volumen inferior la “cantidad asignada” para este ejercicio.

Los datos han sido tomados de documentos oficiales [i]aunque es preciso observar dos puntos.

En primer lugar. las emisiones del año 2009 están afectadas por la recesión económica que se comenzó a superar el año siguiente.

En segundo lugar las estimaciones relativas a la absorción por sumideros vegetales, particularmente por el manejo de bosques, que informan los inventarios de los Estados Unidos y reducen sus emisiones netas, han sido motivo de observaciones por los equipos de expertos que revisaron esos inventarios (doc. FCCC/IDR.5/USA par.77 and 78). Si hubieran sido presentados en el contexto del Protocolo de Kioto esas observaciones habrían requerido un posterior análisis y clarificación que no es exigible conforme las normas más laxas de la Convención.

En todo caso, y para la hipótesis que el resultado favorable no se alcanzara tan sencillamente, el PK estableció los mecanismos de flexibilidad para facilitar el cumplimiento de las metas, impulsados, entre otros países, por los Estados Unidos.

Esta conclusión no nos sorprende a quienes participamos en los detalles de la negociación de Kioto, porque entonces buscamos y encontramos metas diferenciadas que cada uno de los países podía alcanzar, inclusive los Estados Unidos. Además porque la Delegación enviada por Washington y visitada por el Vicepresidente Al Gore durante la Conferencia, fue muy cuidadosa en la protección de sus intereses nacionales, como claramente lo explicó su responsable, Stuart Eizenstat, el 11 de febrero de 1988, al presentar su informe en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.

En todo caso la materia da para preguntarse, para que la opinión pública de los Estados Unidos se pregunte, si la decisión de no ratificar el Protocolo que tantas complicaciones políticas ha creado en la negociaciones internacionales para dar respuesta al cambio climático, estuvo racionalmente justificada o fue un impulso equivocado.

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