Adaptación del sector agropecuario en América Latina: Retos y oportunidades para enfrentar el cambio climático

Por Charlotte Lau, Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), 12 de abril de 2011.

A través de la siguiente serie de diapositivas, invitamos a los lectores a pensar sobre los retos y oportunidades para la adaptación y mitigación de agricultura frente al cambio climático, en el contexto de Latinoamérica.

Las  diapositivas 2-6 presentan el contexto global, en el cual se estima que necesitaremos producir el 60 a 70% más alimentos para el año 2050 para satisfacer la demanda global, al mismo tiempo que será necesario adaptar los cultivos para sobrellevar el cambio climático. Un estudio sobre los cambios promedios en la aptitud climática de 50 cultivos en 2050, indica, a grosso modo, que los países del sur global serán afectados negativamente y la aptitud en el norte global mejorará. Ello presenta una preocupante situación para los países en desarrollo, y un riesgo significativo para los avances en desarrollo logrados en las últimas décadas.

Por ejemplo, el trigo verá una disminución de aptitud del 15.1% (con una certeza del 87.1%). Ello conlleva asimismo un riesgo de gran incremento en la desnutrición infantil para el 2050 en un escenario sin esfuerzos significativos de mitigación. Las diapositivas 7-8 muestran a las poblaciones rurales de América Latina como las más vulnerables.

Por tanto un importante mensaje es la importancia de definir estrategias de mitigación y adaptación (diapositivas 9-12). En muchos casos, veremos concesiones mutuas entre el mejoramiento económico, la adaptación, y la mitigación, por ejemplo para evitar la deforestación. Por ejemplo, tanto en el caso de la soja uruguaya y de la ganadería colombiana, el sendero de máximos ingresos daña el medioambiente.

Pero a pesar de todos de estos casos de mutuas concesiones, también hay oportunidades de adoptar políticas que favorezcan la adaptación (diapositivas 13-15). Por ejemplo, la ganadería ofrece la posibilidad de adaptar los sistemas de pastizales normales y mitigar el metano emitido por las vacas a través de un sistema silvo-pastoril, que incluye forrajes variados junto con la ganadería en donde los cultivos compensan las emisiones de metano al secuestrar carbono. En Latinoamérica, donde el 77% de las áreas agrícolas, o 550 millones de ha, son pastos, este tipo de conversión puede tener un impacto muy grande. Los sistemas silvo-pastoriles, además mejoran el rendimiento y proveen una diversidad en los forrajes que mejora la resistencia a la variabilidad climática y asegura la provisión constante de alimento animal, aún en caso de sequía.

Las diapositivas 16-19 muestran el potencial de adaptación generado por el uso de sombra en sistemas cafeteros. El café es el contribuyente principal al PBI agrícola en América Latina y es particularmente importante  para los países pobres en Mesoamérica, como Nicaragua y Honduras, donde el café representa el 20 a 25% de los ingresos de exportación. La gran mayoría de estos productores son agricultores pequeños que cultivan en lotes de 5 ha o menos. Por lo tanto, son parte de una población bastante vulnerable a los choques de clima y precio. La caída de precios del café entre 2000 y 2003, por ejemplo, resultó en un aumento de 10% en la pobreza en regiones cafeteros en Nicaragua, según una investigación del Banco Mundial.

Es decir, la situación es frágil. Las proyecciones para el café muestran temperaturas más altas, y lluvias más erráticas y menos frecuentes. Los impactos anticipados, entonces, son granos más pequeños y de peor calidad. Adicionalmente, los lugares aptos para la cultivación van disminuyendo. Pero una de las maneras de alta potencial para adaptar es la sombra, la cual puede bajar la temperatura de los cultivos por hasta 4 grados centígrados. Asimismo, los cultivos que dan sombra, como el plátano, proveen una manera de diversificar, y a su vez, adaptar.

En las diapositivas 20-22 se muestra como el sistema de pago por servicios ambientales puede mejorar los ingresos de sistemas agroforestales de café o de ganadería; y las alternativas cuando la adaptación es imposible. En este último casos, hay tres opciones: producir otros cultivos; cambiar de fuente de ingreso a ocupaciones fuera de agricultura, como el ecoturismo; o migrar a otro lugar, normalmente cuesta arriba donde hace menos calor, aunque muchas veces, la tierra no está disponible porque ya es la propiedad de otras personas o son áreas protegidas.

Las diapositivas 23-27 muestran que los agricultores no debieran decidir solos qué sendero de adaptación tomar, sino ser apoyados por los investigadores científicos, a través de una mejor comunicación sobre riesgos y pronósticos. En Mali, por ejemplo, se lanzó el servicio meteorológico nacional hace 25 años. Allá, los productores reciben tres tipos de pronósticos, que vienen juntos con información sobre los impactos anticipados en la agricultura. Como resultado, los productores participantes han gozado de mejor arrendamientos y aumentos de ingreso de hasta el 80% más que no participantes.

En este sentido, el CCAFS está desarrollando un plataforma que se llama AMKN, o Adaptation Mitigation Knowledge Network. AMKN es un portal para acceder y compartir conocimiento sobre la adaptación y mitigación. Vincula las realidades de los productores en la finca con los resultados de investigaciones científicas. Otra herramienta, que se puede descargar en la página web de CIAT,  es el simulador de tiempo diario MarkSIM para cualquier punto en los trópicos. Por otro lado, el fitomejoramiento (diapositivas 28-29) también puede ser utilizado para crear semillas con mejor resistencia a las amenazas derivadas del cambio climático. Por ejemplo, según un análisis del CIAT  sobre el frijol, el 42.7% del área cultivada con frijol se beneficiaría de mejor resistencia al calor en 2020, y el 22.8% del área se beneficiaría de mejor resistencia a la sequía.

Son estos tipos de información de que podríamos aprovechar para diseñar estrategias informadas por la ciencia (diapositivas 30-34). En primer lugar, la ciencia puede ayudar en idear paquetes de manejo para la adaptación, por ejemplo  buenas prácticas para la gestión de recursos naturales o recomendaciones sobre qué cultivos se debe sembrar para diversificar y dónde. En este mapa de Nicaragua, se puede ver en azul pálido los áreas donde el café perderá aptitud climática pero otros cultivos pueden substituirlo.

Además, en CCAFS estamos desarrollando una herramienta de análogos climáticos que se permite identificar los áreas donde el clima hoy parece como el clima futuro proyectado para otro lugar. El objetivo es facilitar evaluaciones en situ para ver si las opciones de adaptación que parecen exitosas en ciertos lugares serían transferibles a otros lugares que enfrentarán condiciones climáticas parecidas en el futuro. En esta manera, promueve la transferencia culturalmente sensible de conocimiento y aprendizaje comunal.

La ciencia también puede informar la creación de innovaciones que transfieren el riesgo, tal como el seguro basado en índices de lluvia, o programas de micro-crédito o subsidios para aportes.

Además podríamos ayudar en la creación de cadenas de valor más inclusivas.

Y cuando digo “la ciencia,” no estoy hablando solamente de la agronomía ni de la ciencia del clima. Estoy hablando también de las ciencias sociales (diapositivas 35-38). Si nuestro objetivo es la seguridad alimentaria global, la seguridad alimentaria no es solamente la producción, sino también la asignación y la utilización, las cuales son muchas veces diferenciadas por género y por categoría social. Por eso cuando hacemos nuestras investigaciones acerca de la seguridad alimentaria, también hay que pensar en la diferenciación social y de género.

Otro tema clave para las ciencias sociales es mejorar nuestro entendimiento de la toma de decisiones al nivel de hogar y diseñar los incentivos adecuados para evitar comportamientos mal-adaptativos, así como informar las decisiones tomadas en el ámbito político.

En este momento, por ejemplo, CIAT está desarrollando una metodología para medir el costo de adaptación al nivel nacional (diapositiva 39).  En esta fase piloto, estamos empezando con el sector de arroz en Colombia, y en nuestras discusiones, la herramienta de SROI, o el retorno social de la inversión, creado por el gobierno de Escocia, ha emergido como una opción de mucho potencial. El SROI tiene un enfoque participativo y mide los impactos de una política o inversión física desde el punto de visto de las partes interesados. Es una herramienta muy útil para elegir las medidas de adaptación más rentables entre muchas opciones.

En resumen, les dejo con el cuarto y último mensaje (diapositiva 40): “Sí, hay un sendero a sistemas de producción mas resistentes al cambio climático, pero hay que tomarlo juntos.”

3 comments to Adaptación del sector agropecuario en América Latina: Retos y oportunidades para enfrentar el cambio climático

  • Óscar A. Alfonso

    Saludos desde Bogotá. Me gustaría contar con las diapositivas ¿Es posible? Ya cuentan con algún informe escrito. En los pròximas días les podré enviar el mío sobre la cuestión colombiana.

  • german

    saludos a la distancia , nos gustaria poder contar con las diapositivas en pdf por enviarnoslo a nuestro email cordialmente,

  • […] En la actualidad, para la mayoría de análisis realizados por CIAT-DAPA, el escenario de emisiones utilizado es el A2 (business as usual) que asume una contaminación constante hacia al futuro, tomando como referencia las emisiones pasadas hasta el día de hoy.  Por lo anterior, surge la siguiente pregunta: ¿para qué sirven estos GCMs?  Una de las posibles respuestas se sustenta en la descripción de tendencias climáticas en un sitio o región determinada, pero también son útiles como datos de entrada en algoritmos de modelación de nicho ecológico (para obtener distribuciones potenciales actuales y futuras de especies animales o vegetales).  En la diapositiva 8 se observan las tendencias de temperatura y  precipitación en Colombia, en contraste con las del mundo según uno de los modelos de cambio climático.  Mientras que en Colombia se esperaría un aumento de 8.1% en las precipitaciones, a nivel global el aumento sería de 14%.  En cuanto a las temperaturas, Colombia tendría un aumento de 3.1%, mientras que a nivel global sería de 4.5%.  Lo anterior demuestra que, incluso a escala de país, no se estaría muy lejos de los promedios climáticos globales, lo que acarrearía grandes impactos en la agricultura de un sitio específico y a escala global.  Un ejemplo de esto se encuentra en el post de Charlotte Lau: “Adaptación del sector agropuecuario en América Latina; Retos y oportunidades para enfrentar el cam…”. […]

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