Cambio Climático: Varsovia, y más allá la inundación

Por Soledad Aguilar, 19 de Diciembre de 2013. Este artículo es un resumen de un capítulo que será publicado en el Informe Ambiental FARN 2014 por la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN)

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La Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 19) llevada a cabo en Varsovia en Noviembre de 2013, demostró que la comunidad internacional aún no logra encontrar la fórmula para un acuerdo global sobre el cambio climático. Teniendo en cuenta que la próxima Conferencia de las Partes se realizará en América Latina, nuestra región y en particular el Perú como anfitrión, tiene la oportunidad de promover una participación proactiva de los países de desarrollo medio en una solución global al cambio climático. Por ejemplo, para resaltar la relación entre la mitigación de los mayores emisores y los costos de adaptación en los países en desarrollo, podrían proponer metas que se relacionen con los esfuerzos de emisión de los mayores emisores, y por tanto sean más estrictas cuanto mayor sea el esfuerzo de estos países, y más laxas en la situación en que tales países no realizaran un esfuerzo mancomunado ambientalmente eficaz. 

Desde el fracaso de la COP 15 del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) llevada a cabo en 2009 en Copenhague, en la cual más de 100 jefes de Estado volvieron con las manos vacías al no lograr concluir un instrumento vinculante para limitar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a nivel global, el sistema de Naciones Unidas no logra trazar un camino de cooperación global para evitar los daños catastróficos derivados de fenómenos climáticos extremos y del aumento de la temperatura promedio mundial por encima de los 2°C.

De 2009 a la fecha parece quedar claro que si bien hay acuerdo sobre la meta de evitar un aumento por encima de los 2°C, falta la voluntad política para acordar acciones tendientes al logro de esa meta, lo cual requiere limitaciones a las trayectorias de emisión por parte de todos los mayores emisores. En esta lista encontramos a China y Estados Unidos en primer lugar, quienes son responsables por el 36% de las emisiones globales (21.6% 14.5% respectivamente). Si sumamos a la Unión Europea y Rusia llegamos a más del 50% de las emisiones globales,[1] y si tomamos en cuenta los 20 mayores emisores, podemos explicar más del 80% de las emisiones globales.[2] Si miramos a las emisiones en términos de sectores, encontramos que más del 70% de las emisiones mundiales provienen del sector energía y combustibles.[3] Más aún, dentro del concentrado grupo de mayores emisores (China, EEUU, la Unión Europea y Rusia)[4] hay una importante diferencia en emisiones per capita, en la cual los estadounidenses triplican las emisiones per capita de los chinos.[5]

Definir un camino efectivo para promover medidas a nivel global, por tanto requiere distribuir los costos y las responsabilidades de las acciones a tomar considerando simúltaneamente una serie de variables que contemplen tanto la efectividad ambiental como la justicia distributiva o justicia climática. La principal restricción, es que tal acuerdo requiere la acción primordial de dos actores, Estados Unidos y China, para ser efectivo, pero se negocia en la CMNUCC, un ámbito donde 192 países toman decisiones por consenso.

Las tensiones entre la falta de voluntad política para tomar medidas firmes por parte de los mayores emisores y la necesidad de lograr un acuerdo global ambicioso que evite una mayor incidencia de eventos climáticos extremos fue personificada por el delegado de Filipinas ante la devastación causada por el tifón Hayan el día de la apertura de la COP 19, quien anunció que comenzaría una huelga de hambre hasta ver una firme voluntad de las partes para resolver el problema (Allan et al., 2013, p. 27).

La actitud del delegado filipino, sin embargo, no hizo mella en la práctica establecida de negociación por la cual Filipinas mismo, en representación del Grupo de 77 más China, amparó durante la COP 19 la posición China de evitar tomar compromisos vinculantes de reducción de GEI (Allan et al., 2013, p. 12). Desde hace más de dos décadas el G-77 provee un escudo a China a expensas del mundo en desarrollo y de los países más vulnerables al cambio climático, posición que además incluye un guiño a los Estados Unidos, país que tanto como China prefiere evitar los compromisos vinculantes de reducción de emisiones a nivel internacional.

Hasta tanto se rompa esta dinámica poco proclive al logro de resultados efectivos, la única vía de progreso es aquella que procura trabajar sobre la presentación voluntaria de metas por parte de todos los mayores emisores con metodologías de contabilidad transparentes y comunes que permitan mobilizar instancias subnacionales y a la sociedad civil a través de un sistema de “name and shame” (nombrar y avergonzar) a los países que procuren viajar gratis en el colectivo de la mitigación.

La decisión de Varsovia por la cual se solicita a los países “en una posición para hacerlo” la comunicación de sus “contribuciones” durante el año 2015, no permite más que una mínima instancia de negociación interna antes de llegar a la Cumbre de París en la cual se espera adoptar un acuerdo para el período post-2020 (UNFCCC, 2013a, para. 2b). La actual oferta de simples “contribuciones,” sin una clara obligación legal, por parte de los dos mayores emisores, así como la ausencia de mecanismos para comparar y “avergonzar” a quienes no cumplen sus objetivos, genera el efecto contrario al buscado, o la “carrera hacia atrás” evidenciada en el actual retroceso de países como Australia, Japón, e incluso Brasil y la UE sobre sus intenciones manifestadas desde 2009, al ver que los mayores emisores no lideran el esfuerzo (Hare et al., 2013, p. 1).  ¿Cuál sería entonces el camino más conveniente para países que tienen la oportunidad de generar un cambio, como por ejemplo Brasil o México, por su peso específico en la negociación y Perú por albergar la próxima COP en 2014?

Por lo pronto los países debieran buscar generar acuerdos entre los dos mayores emisores, Estados Unidos y China, que permitan comenzar a vislumbrar un camino por el cual los gigantes económicos comiencen a limpiar su patio trasero. Además de favorecer un acuerdo entre los mayores emisores, en el cual éstos definan sus trayectorias de emisión para las décadas venideras, la región debiera también dar por finalizada la etapa de “amparo a China” sostenida por el G-77 desde la época en que el gigante asiático tenía un PBI per cápita menor al de Camerún.[6] La región dada su uniformidad idiomática y cultural, que nos diferencia de otras mucho más diversas, podría también acordar presentar las metas de mitigación en un formato conjunto, transparente y verificable, que sirva de ejemplo y permita formular un estándar a seguir por el resto de los países.

Por ejemplo, para resaltar la relación entre la mitigación de los mayores emisores y los costos de adaptación en los países en desarrollo, los países de América Latina podrían proponer metas que se relacionen con los esfuerzos de emisión de los mayores emisores, y por tanto sean más estrictas cuanto mayor sea el esfuerzo de estos países, y más laxas en la situación en que tales países no realizaran un esfuerzo mancomunado ambientalmente eficaz. En esta línea los países de América Latina podrían presentar sus metas de mitigación en un formato unificado proponiendo no superar las emisiones por punto de PBI promedio de los dos mayores emisores (EEUU y China), e incluso una meta de mejorar en un porcentaje significativo las emisiones por unidad de energía de estos dos países.[7]  En adición, para favorecer el vínculo entre mitigación y desarrollo podrían proponerse metas de mitigación que sean favorables a la adaptación, como por ejemplo las metas de reducción de la deforestación y metas de mitigación que sean favorables a la economía en general, como aquellas vinculadas a la eficiencia energética.

Con todo ello, la región Latinoamericana podría tomar un rol de broker dentro de las negociaciones, actuando como bisagra entre las posiciónes Norte/Sur, presentando una visión proactiva, pero sólidamente fundada en las realidades y posibilidades de los países en desarrollo. Evitar el camino fácil por el cual países de nuestra región tienden a caer en posiciones obstruccionistas es clave para fomentar un acuerdo global eficaz para reducir los costos de adaptación al cambio climático y los impactos de este fenómeno sobre los sistemas de producción, la salud y la infraestructura urbana.

Este artículo es un resumen de un capítulo que será publicado en el Informe Ambiental FARN 2014 por la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN)

 

Bibliografía 

Allan, J., Antonich, B., Bisiaux, A., Kosolapova, E., Kulovesi, K., Luomi, M., & Savaresi, A. (2013). Summary of the Warsaw Climate Change Conference. Earth Negotiations Bulletin, 12(594), 1–32. Retrieved from http://www.iisd.ca/download/pdf/enb12594e.pdf

Hare, B., Rocha, M., Jeffery, L., Gütschow, J., Rogelj, J., Schaeffer, M., … Höhne, N. (2013). Policy Brief: Warsaw Unpacked: A race to the bottom? Retrieved from http://climateactiontracker.org/assets/publications/briefing_papers/CAT_Policy_brief_Race_to_the_bottom.pdf

Samaniego, J. (2009). Cambio climático y desarrollo en América Latina y el Caribe : una reseña. Santiago de Chile.

UNEP. (2010). The Emissions Gap Report (p. 55). Nairobi. Retrieved from www.unep.org/publications/ebooks/emissionsgapreport

UNFCCC. (2013a). Further advancing the Durban Platform. Decision -/CP.19 Advanced unedited version. In UNFCCC (Ed.), 19th meeting of the Conference of the Parties to the UN Framework Convention on Climate Change (Vol. 19, pp. 1–3). Warsaw: UNFCCC. Retrieved from http://unfccc.int/files/meetings/warsaw_nov_2013/decisions/application/pdf/cop19_adp.pdf

UNFCCC. (2013b). Warsaw international mechanism for loss and damage associated with climate change impacts: Advance unedited version. In 19th meeting of the Conference of the Parties to the UN Framework Convention on Climate Change (pp. 1–3). Warsaw: UNFCCC. Retrieved from http://unfccc.int/files/meetings/warsaw_nov_2013/decisions/application/pdf/cop19_adp.pdf

 



[1] Climate Analysis Indicators Tool (CAIT) 2.0, 2013. Washington DC: World Resources Institute. Emisiones totales incluyendo cambio de uso de la tierra y forestación (conversión forestal neta), año 2010. Disponible en: cait.wri.org

[2] Los veinte mayores emisores considerados en este cálculo incluyen a la Unión Europea, China, Estados Unidos, Rusia, India, Brasil, Japón, Indonesia, Alemania, Australia, Irán, Canadá, México, Corea del Sur, Reino Unido, Sudáfrica, Arabia Saudita, Francia, Italia, Nigeria. El siguiente país en la lista (n.21) es Argentina. Ibid.

[3] Ibid, Emisiones totales incluyendo cambio de uso de la tierra y forestación (conversión forestal neta), por sector, año 2009.

[4] Ibid, Emisiones totales incluyendo cambio de uso de la tierra y forestación (conversión forestal neta), año 2010.

[5] Ibid, Emisiones totales incluyendo cambio de uso de la tierra y forestación (conversión forestal neta) per capita, año 2010.

[6] World Bank, Data Bank, GDP per capita (1992). Consultado el 15-12-2013 en http://data.worldbank.org

[7] Emisiones por punto de PBI: EEUU (506.02) China (1104.95); promedio América Latina y el Caribe: 873.97. Emisiones de la energía por punto de PBI: EEUU (437.91), China (874.09), promedio América Latina y el Caribe (297.98). Ibid, Emisiones totales incluyendo cambio de uso de la tierra y forestación (conversión forestal neta), por unidad de PBI y emisiones totales por unidad de energía, año 2009.

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