Cancún COP 16: ¿un fracaso anunciado?

Por Samuel I. Brugger Jakob,* 23 de Noviembre de 2010. © Ambiente y Comercio

La COP 16 no debe ser un fracaso porque su función es distinta a la COP 15, donde se buscó un acuerdo post-Kyoto y el movimiento ambientalista puso todos los huevos en la misma canasta exigiendo un “todo o nada”.

Al leer comentarios sobre la COP16 se observa un patrón de energía negativa que anticipa su fracaso. Revisando artículos de este portal Foro sobre Cambio Climático y Comercio se justifica esta percepción. Por ejemplo, Soledad Aguilar, el 14 de octubre escribió: “Posiblemente, el fracaso de la administración Obama en lograr la consideración de una ley sobre cambio climático […], finalmente haya terminado por aplastar las expectativas en cuanto al logro de un acuerdo multilateral sobre cambio climático. […] pero por estas horas hasta los más optimistas descartan un acuerdo en 2010“. Miguel Muñoz por su parte opinó el 27 de octubre: “El hecho de que la COP 16 en Cancún vaya a conseguir bien poco (siendo generoso) no es ninguna sorpresa. […]. Lo único que los AWGs han logrado pese a la intensa agenda de trabajo es remitir (otra vez) sendos textos llenos de desacuerdos a la COP 16”.

Este panorama negativo es resultado de creer que la COP16 debe resolver lo que la COP15 no logró: un acuerdo medioambiental global para el periodo post Kyoto. De hecho sólo es  media verdad que no se haya logrado, éste si se consiguió, aunque no con la profundidad que muchos esperábamos. Y también habría que cuestionar la profundidad de un acuerdo global sin criticar el  fracaso a nivel continental -excepto Europa- para lograr una propuesta regional.

Exigir que Cancún  resuelva este panorama es promover una profecía que se autocumplirá ya que Estados Unidos no está dispuesto a considerar un tope a sus emisiones sin un esfuerzo de los países en vías de desarrollo, los países industriales continuarán con su negativa de aceptar otros conceptos como la idea marginalista de eficiencia energética propuesta por China y la negativa de los países en desarrollo a permitir la verificación “internacional” de la reducción de emisiones que dicen estar logrando.

Sin embargo, aún con todo en contra, la COP 16 no debe ser un fracaso porque su función es distinta a la COP 15, donde se buscó un acuerdo post-Kyoto y el movimiento ambientalista puso todos los huevos en la misma canasta exigiendo un “todo o nada”. Admito la responsabilidad de haber apoyado dicha idea porque consideraba que era el tiempo de presionar aunque ahora distinto. El objetivo de Cancún no es obtener un acuerdo internacional sino crear una nueva arquitectura climática-financiera. Si bien para muchos esto suena poco, no lo es. Sólo imaginen si en la COP 15 en vez del resultado que a nadie dejó satisfecho se hubieran puesto de acuerdo los países en vías de desarrollo con los desarrollados sobre como armonizar más que homogenizar las distintas formas para reducir emisiones.

Lo mismo sucede con la COP 16. La cuestión financiera es una piedra fundamental para la temática ambiental así como lo es crear una nueva institución o instituciones  para toda la gobernanza global. La COP 16 mostrará si las naciones pueden ponerse de acuerdo, entregar soberanía y buscar un nuevo bien común mundial. Y lo que mostró Tajin, China (2 al 9 de octubre de 2010) sobre la disposición de crear un fondo medioambiental es comparable sólo con la disposición que se tuvo en la negociación de los Acuerdos de Bretton Woods, aceptando claramente la diferencia de tamaño de las instituciones en juego. Un acuerdo positivo en la creación de instituciones financieras climáticas supranacionales será la prueba no sólo de si existe la voluntad de crear o fortalecer otras instituciones de cambio climático para llegar en algún momento a un gran acuerdo post-Kyoto, sino también si existe voluntad de llevar a cabo las reformas estancadas desde hace décadas en otros organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el Banco Mundial (BM).

Para ver lo dispuestos que están los países en llegar a un acuerdo climático financiero se puede leer en el trabajo de Benito Müller “Climate Finance After Tianjin“. No me adentraré en los detalles de negociación pues no tiene sentido describirlos ahora. Lo que importa es ver lo cercano que son las propuestas de los 3 grupos principales: Estados Unidos, la Unión Europea y el G77+China. Los tres bloques están promoviendo la idea de un Fondo Verde (Copenhagen Green Climate Fund of the Copenhagen Accord). Los más conservadores son esta vez los europeos, para quienes no es tan relevante crear el fondo dentro de la COP 16 aunque si consideran necesario que en la COP 17 se apruebe. Como en prácticamente todos las negociaciones sobre gobernanza global, los europeos están muy interesados en incluir a los países del Sur, promoviendo un grupo de expertos el cual debe consistir en un número igual de países de anexo I como de no anexo I además de incluir otros de instituciones de finanzas climáticas del sector privado y la sociedad civil. Este punto ha generado un conflicto entre los europeos y los estadounidenses los cuales han preferido mantener el control a cualquier costa como se ha visto en las negociaciones de reformas del FMI. Sin embargo, esta vez parecen ir en contra de su propio pragmatismo apoyando la idea de un grupo de expertos multidisciplinario integrado con gente de los países participantes. El G77+China no sólo apoya la idea del fondo y el grupo de expertos que representará equilibradamente a los países desarrollados y en vías de desarrollo sino que va más lejos y promueve la creación de un comité financiero que apoye a la COP en la gestión de todas las funciones sobre mecanismos de financiamiento de la UNFCCC.

Como se puede observar, el panorama no está tan negro sobre Cancún. En caso de lograr un acuerdo será un hito fundamental. Esto no quiere decir que debamos estar menos angustiados, ya que si no se logra  habiendo tantas convergencias no sólo debemos pensar en apagar las luces en las negociaciones medioambientales a nivel global sino en todas las negociaciones sin importar el área en que se negocie.

* El Dr. Samuel Brugger es catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad nacional Autónoma de México. Sus principales áreas de investigación son la economía del medio ambiente y del cambio climático, la economía de la huella ecológica y el financiamiento de las energías renovables.

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