Renaciendo de las Cenizas del Carbón: Un Comentario sobre la COP 19 de Varsovia

Por Ramiro Fernandez,* AVINA, 25 de Noviembre de 2013, publicado originalmente en Intercambio Climático

Naderev Saño, Filipinas, urgió a los delegados a considerar el reciente tifón en Filipinas y aprobar un resultado concreto. Foto Cortesía: IISD, www.iisd.ca

La COP 19 de Varsovia, fue una negociación signada por la repercusión de los acontecimientos que se daban fuera del Estadio que alojó la Conferencia, afectando los avances de las negociaciones. Arrancó con el súper tifón Haiyan, conocido como el más grande de la historia que vino a reafirmar los sólidos argumentos del 5to Reporte de IPCC. La declaración del delegado de Filipinas y su huelga de hambre a la que se le unieron otras 30 personas, cargó de responsabilidad los textos y las conversaciones de las próximas 2 semanas.

El Banco Mundial y el FMI organizaban eventos reafirmando la necesidad de abandonar el alto subsidio a los combustibles fósiles y el nuevo reporte de Carbon Tracker aparecía como el único elemento innovador, relacionando la crisis climática con una posible burbuja financiera en la industria de hidrocarburos. Mientras tanto, fuera del Estadio, el gobierno de Polonia en paralelo, promovía la Cumbre Mundial del Carbón justificando su dependencia del 90% al combustible de mayor impacto sobre el cambio climático.

Por último, a solo 3 días del cierre, el Presidente de Polonia, decidió renovar su gabinete destituyendo, entre otros, a su Ministro de Ambiente, formalmente el Presidente de la COP.  Ya indignados con la falta de compromiso de Polonia y la intención de socavar la negociación por parte de Japón, Australia y Canadá; varias organizaciones de la sociedad civil, bajo el liderazgo de Greenpeace y WWF, decidieron retirarse del estadio.

Sobreviviendo a estos embates, dentro del estadio se percibía un ánimo más constructivo que otras veces, de mucho trabajo y caracterizado por la flexibilidad de casi todas las partes para avanzar en las negociaciones. Flexibilidad en las metas, para presentar compromisos cuantitativos; flexibilidad en la forma legal del nuevo acuerdo, postergando definiciones para futuras disputas; y la siempre presente flexibilidad horaria manteniendo una maratónica negociación de 30 horas interrumpidas para llegar a la Arquitectura mínima del Nuevo Acuerdo de Durban.

Solo Brasil arrancó la primer semana provocando con un mecanismo técnico que cuantifique las responsabilidades históricas y una cuestionada propuesta para incentivar acciones tempranas de mitigación que le permitan sumar a sus metas futuras la reducción de sus emisiones de deforestación del 2009 a la fecha. Su silencio en la plenaria de cierre, lejos de ser una derrota, es el reflejo de sus sofisticadas habilidades de negociación. Habrá que ver cómo avanzan estos puntos.

Varsovia nos deja como legado la definición del nuevo mecanismo de pérdidas y daños que injustamente llevará su nombre. Desde la creación del grupo de pequeñas islas, hace 20 años se venía reclamando el reconocimiento de esta responsabilidad internacional ante los daños que sufren los países menos desarrollados por los impactos del cambio climático. La llegada de Sandy, Katrina y el súper tifón Haiyan tuvieron mucho que ver en que Estados Unidos finalmente accediera a reconocer este mecanismo. Por el momento se mantendrá bajo el paraguas de la adaptación, pero abierto a su revisión en la COP 22.

La aprobación de un mecanismo de REDD+ luego de 8 años de negociación presenta valiosas oportunidades para América Latina y los acuerdos en financiamiento, también son un buen aporte. Por el momento Estados Unidos accedió a que sea el Fondo Climático Verde (GCF) donde se canalicen los U$S 100.000 millones anuales a partir del 2020 con mecanismos consistentes de MRV.  Quedó pendiente la meta intermedia de U$S 70.000 millones al 2016.

Pero de todos los avances, sin dudas el más importante y de negociación más intensa fue la arquitectura del Nuevo Acuerdo de Durban. Se retomaron viejas disputas, como la interpretación de que implicaba que “todos” los países asuman compromisos. Europa necesitaba ese acuerdo para avanzar en 2014 en su política interna y la definición de nuevas metas de reducción y eso fue en parte aprovechado por BASIC, Estados Unidos y la OPEC para flexibilizar otros elementos, los plazos de presentación de compromisos y sobre todo postergar la discusión más sustantiva del que figura en el texto anexo. El liderazgo y compromiso de AILAC fue determinante para ello, pero de todos modos no pudo evitar sobrecargar las responsabilidades que recaen en Lima.

Las negociaciones de Cambio Climático vislumbran una luz al final del túnel. Por primera vez desde 2009 se vuelve a tener expectativas en una COP, hay reconocimiento al compromiso de Perú para llegar a un acuerdo global ambicioso.  La presencia del próximo presidente de la COP durante toda la segunda semana; su proactividad en dialogar con todas las partes y vocación de identificar elementos que permitan escalar un diálogo constructivo, fue muy bien recibida y se reflejó en la voluntad de colaborar desde diversos sectores.

Por la riqueza de su capital natural, su energía limpia, su diversidad cultural y su baja huella ecológica, América Latina tiene ventajas comparativas a otras regiones del mundo para generar una nueva economía que respete el límite de los 2° C y se adapte a un clima cambiante. El año 2014, la Pre-COP en Venezuela y la COP 20 en Perú, nos ofrecen una gran oportunidad para mostrar al mundo que respetando nuestras diferencias, podemos trabajar a partir de aquello que nos une y liderar el compromiso contra el cambio climático.

 

* Ramiro Fernandez es Director para América Latina de Cambio Climático y Energía en Fundación Avina y miembro de la Plataforma Climática Latinoamericana

 

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